"El peregrino quería llegar a esa meta tan anhelada por su corazón... Continuamente veía el horizonte pero no la veía aparecer nunca... A cada minuto levantaba la cabeza y nada... porque en realidad no sabia cuando iba a llegar...pero estaba tan absorto en llegar... que se obsesionaba...se agobiaba... se desanimaba porque creía que no existía o que se encontraba infinitamente lejos. Cuanto más miraba... peor se sentía, con más ansiedad... Hasta que se dio cuenta de que lo mejor era no mirar el horizonte...porque se estaba perdiendo la belleza del paisaje y las "pequeñas" maravillas que se encontraba a cada paso del camino. No se detenía a pensar lo que tenía a su alrededor, que era todo precioso... No lo disfrutaba por esa angustia continua que arañaba su corazón por no llegar ya a la meta de sus sueños... Así que algo se iluminó en su interior y le hizo comprender.. Empezó a disfrutar de cada paso, de cada pequeño detalle, reía más y valoraba más todo los tesoros que la vida le ofrecía mientras realizaba su andadura. Decidió vivir el presente, saborear el AHORA, no perder la esperanza nunca y seguir soñando con su meta, pero sin agobios ni angustias que solo hacían que perdiera alegría y paz interior. Comprendió que llegaría ese momento cuando menos lo esperase, porque todo llega cuando tiene que llegar"
